Tiene su onda El Plaza…quería escuchar algo de música y tomar un poco..Atrás había quedado el largo viaje de Talca a Calama; ahora había que conocer un poco de la tierra del sueldo de Chile.
Por algo, al día siguiente se enfrentarían Cobreloa y Cobresal, los primos del cobre que habían animado durante toda la temporada un campeonato que con todos los ripios que pueda tener, al menos te regala esa cuota de incertidumbre que en primera está negada; siempre pelean los mismos y la puta prensa, -prensa burguesa habían gritado en la semana – habla noche y día de los mismos…
Pensamientos más, pensamientos menos, la idea era tomarse algo y tratar de captar, con la humildad propia de una estadía más que pasajera, el ambiente y la atmósfera que se vivía en Calama.
Claramente, la ciudad se identifica con Cobreloa, de eso no hay duda. En el avión, varios hinchas ya estaban jugando su propia final. Apenas comenzó la venta característica de los vuelos a bajo precio, las cervezas comenzaron a circular hacia un sector en particular. Ya estaban en la previa…mucho más silentes, algunos hinchas de Cobresal vivían su propia espera, con la secreta pero aterrizada esperanza de seguir derribando a los favoritos. Un par de tallas,«lleva el saco», se cruzaron.
En El Plaza sonaba música electrónica. Me habían advertido que era un pub pequeño y que podría ser difícil encontrar un asiento. Me bastaba con la barra…Al rato ya estaba cabeceando con el ritmo -siempre electrónico- que empapaba la atmósfera. El ventanal que dejaba ver la plaza de Calama, le daba un toque especial al lugar. «Hasta la plaza parece bonita», me dijo la bartender.
Hasta ese día no tenía ni la más puta idea sobre que es un bartender o en este caso, una…Pero me había llamado la atención la dedicación que ponía para preparar los tragos que le pedían. Dentro de toda la subjetividad que encierra al humano, también creí percibir-mejor dicho, estoy seguro- un reproche en su frase «hasta la plaza me parece bonita».
No llevaba tres horas en Calama y era la segunda vez que escuchaba una crítica a la belleza o no belleza de la ciudad. «Los santiaguinos dicen que Calama es feo», me había relatado la taxista, que gentilmente me esperó en el aeropuerto. ¿Qué piensa usted? Le pregunté, mientras en mi cabeza pasaba raudamente un pensamiento: «que mierda importa lo que piensen los santiaguinos, ni que fueran dueños de la verdad». Bueno, los grandes medios de comunicación -excepto Primera B Chile– están en Santiago, quizás de ahí que su voz esté tan amplificada; lo que no significa que la posibilidad de estar viviendo en la no verdad, sea probable.
Tiene su onda El Plaza; la música electrónica continuaba de fondo. Los pensamientos fluían más rápido que el whisky, andaba moderado, la pega esperaba y la imaginación me llevó por un rato al Zorros del Desierto. Había estado, semanas atrás en Coquimbo y la salida del pirata todavía está en el disco duro personal: la memoria. ¡Qué recibimiento organizó Al Hueso Pirata! Digno de un equipo de región…
La dispersión de ideas a esa altura era ya considerable. El amigo en común de la época –whatsapp– me trasladó un rato a mi Talca distante. «Capitán hay que ganar mañana, juegue como lo hace siempre y estoy seguro que clasificamos», escribí, asumiendo que el partido más importante en estos tres años jugando por la ninguneada primerita del glorioso Talca National (TNT), coincidía con la definición del segundo ascenso. ¡Qué chucha, me iba a perder el partido pero los cabros iban a ganarle a todo, incluso a los 30 grados que se harían sentir a las 2 de la tarde (aunque no lo crea, hay programaciones peores que las de la ANFP). Ni siquiera SebitaTV lo transmitiría ¡Puta vida!
La voz de la bartender suavizó mis melancólicas, y a la vez, airadas reflexiones. Volví a Calama. «Tienes que ir a San Pedro», me dijo, para luego hablar de uno de los regalos más grandes que te da la vida, contemplar la luna. Mientras me contaba las maravillas del lugar, pensaba en esa postal, la luna, el desierto, el silencio…
Del rojo que tan bien le asentaba a Katherinne, nos pasamos al naranja. Calama despertó teñida de un solo color y desde temprano, los hinchas caminaron en una sola dirección: el Zorros del Desierto. Sus pasos firmes denotaban una clara convicción: Cobreloa volvería a ser de primera y el paso por la B, quedaría en algo más que una desagradable anécdota.
Hinchas de distintos lugares de Chile, (es cierto que los loínos tienen hinchas en todo el país), convergían rumbo a la cancha. Algunos pisaban por primera vez «tierra santa», como apodan con cariño a la nortina ciudad.
Pero la esperada fiesta nunca llegó. Ya en el estadio, las cosas comenzaron a torcerse temprano. La inexperiencia de Cobreloa en estas lides le pasaría la cuenta. No basta con llenar el estadio, no basta con experiencia internacional, la B es totalmente distinta y Cobreloa aún no aprende esa lección.
Cuando el estadio debía ser una caldera, alguien tuvo la «genial» ocurrencia de colocar a un animador que nunca enganchó con el público. De hecho, fracasó rotundamente a la hora de entusiasmar a los hinchas. El tema de Queen que eligió para ello, ayudó escasamente. Un desatino. Si fuera hincha de Cobreloa me esmeraría en saber quien fue el ideólogo de semejante disparate.
Poco después, Cobresal salía a hacer el calentamiento. Tibias pifias recibieron a un cuadro albinaranja que hasta ahí pasaba desapercibido. Parecía que no contaba en la escena. Pero mientras el zorro -emblema de Cobreloa – sucumbía a la ridiculez y el intento de acoplar a Queen con la barra loína- el minero de Cobresal canchereaba y se paseaba animando a los suyos ¡Puta, no cachan na’ en Calama de definiciones por el ascenso!
El partido arrancó con un evidente nerviosismo loíno. El autogol de Miguel Sanhueza abría la ruta del desastre o la fiesta; dependiendo la trinchera en la que te tocase estar. El festejo de la barra de Cobresal se escuchó nítido en el silencio sepulcral que se apoderó del resto del recinto.
Tuvo que venir un remezón desde la banca para que Cobreloa se acordara que estaba jugando una final. Los ingresos de Felipe Fritz y Cristian Ivanobski arrancando el segundo tiempo le dieron poder de ataque. Una jugada del primero permitió a Pablo Parra dejar la llave a un gol de los lanzamientos penales. 1-1 el partido; 2-3 la serie.
Ahí apareció la estirpe de los que marcan diferencia, de los que escriben la historia ganadora. La albinaranja nunca se achicó y ni siquiera en el momento más adverso del partido, se vio superada. Una contra fulminante le permitió a Juan Carlos Gaete -pedazo de crack- dejar al zorro agonizando. El empate de Pablo Parra serviría solo para hacer más dramática la escena final de la temporada 2018.
¡Come hueón, tiene sabor a triunfo! Así quien no hace caso…En un pequeño rincón de Calama -nunca pude orientarme en la ciudad- celebraban los hinchas de Cobresal, orgullosos de haber sido partícipes de una nueva hazaña de su equipo. No les cabía el corazón en el pecho, henchidos de alegría, pero una alegría sencilla, aunque rebelde, propia de un club forjado en la historia minera. 
Cuánto aprendí en ese rato. Claro, todos nos creíamos técnicos. «Le faltó humildad a Cobreloa», fue una de las frases más repetidas de la noche. ¡Come hueón, tiene sabor a triunfo! Al huéon no le quedó otra que hacer caso, casi contra su voluntad porque ya tenía a su haber, la no despreciable parrillada a la que fue invitado por los colegas de Calama. Claro está, esta tenía un sabor distinto…sabor a triunfo, sabor a gloria, sabor a primera…
Estaban prendidos los cabros, las cervezas hacían lo suyo; no tardaron en aplicar youtube para corear a todo pulmón el himno de Cobresal. Me prometí volver a escucharlo para transportarme al pasado, mal que mal, vivo en medio de un viaje al pasado, son los costos de volverse consciente de que el presente es lo único que tenemos y es tan pasajero…
…Y si algún día, cambia la suerte y Cobresal no puede triunfar, levantaremos bien alta la frente y nuevamente volveremos a cantar. Cobresal, Cobresal, Cobresal, se escucha el grito que a nuestro equipo apoyándolo está y si juega con honor como lo hace un campeón, a la meta llegará…
Destapé la enésima pilsen, a esa altura ya tenía acceso al templo de las heladas; gentiles los dueños de casa, gente de región…eran cerca de las cinco de la mañana, dicen que Calama es feo, yo todavía no conozco ese Calama…
Pd: Cualquier coincidencia con la realidad es solo fruto de la imaginación del autor.
Excelente reportaje…
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